25/10/2025
💔 Lo que nadie dice del corte y confección
Nadie habla del dolor.
Del verdadero dolor que hay detrás de una prenda bien hecha.
Coser duele.
Duelen los hombros, las muñecas, los dedos que ya no doblan igual.
Duele el cuello por tantas horas inclinadas, duele la espalda, duele la vista.
Duele el cuerpo entero… y a veces también el alma.
Las costureras vivimos con ese dolor silencioso.
Seguimos trabajando aunque el manguito rotador ya no aguante,
aunque las manos se inflamen o los ojos ya no enfoquen bien.
Porque no hay seguro social, no hay descanso pagado,
no hay vacaciones ni reconocimiento.
Solo hay trabajo… y más trabajo.
Y mientras tanto, la familia pocas veces lo nota.
Ven a la mujer que cose, que cocina, que lava, que trapea,
que mete las manos al agua fría y luego a la tela caliente,
que se desvela terminando encargos,
y que aún así sonríe cuando entrega algo hermoso.
Por eso no podemos regalar nuestro trabajo.
Porque cada puntada cuesta salud.
Cada prenda lleva horas de vida, años de esfuerzo y dolores acumulados.
El cuerpo pasa factura, y cuando llega el momento,
muchas quedan solas con sus achaques, sin apoyo, sin médico,
con una artrosis que nadie ve, con una columna desgastada,
con una vista que ya no enfoca los hilos.
Coser es un arte, sí.
Pero también es sacrificio, resistencia y amor.
Por eso, cuando pagas lo justo, no solo pagas por una prenda…
pagas por todo lo que esa prenda significó:
una vida entera dedicada a crear belleza a pesar del dolor.
✂️ Por todas las manos que siguen cosiendo aunque duelan.
— JANROSF, diseñadora de modas
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