10/03/2021
Se dice que muchos años atrás el Virrey de Nápoles hizo una visita a Barcelona, España.
En el puerto había un barco de remos, una galera, con prisioneros condenados a remar, castigo usual para la época. El Virrey se acercó a los prisioneros y les preguntó que había pasado, que los había llevado a estar ahora en esta situación.
Así escuchó de primera voz terribles historias. El primer hombre dijo que estaba allí porque un juez aceptó un soborno de sus enemigos y lo condenó injustamente.
El segundo dijo que sus enemigos habían pagado a falsos testigos para que lo acusaran.
El tercero dijo que había sido traicionado por su mejor amigo, quien escapó de la justicia dejándolo. Y así por el estilo.
Finalmente el Virrey dio con un hombre que le dijo: “Mi señor, yo estoy aquí porque lo merezco. Necesitaba dinero y lo robé. Estoy aquí porque merezco estarlo”.
El Virrey quedó absolutamente anonadado y volviendo sobre el capitán del navío de esclavos dijo: “Aquí tenemos a todos estos hombres que son inocentes, están aquí por injustas causas, y aquí este hombre malvado en medio de todos ellos.
Que lo liberen inmediatamente, temo que pueda infectar a los demás”.
De esta manera el hombre que se había confesado culpable fue liberado y perdonado, mientras aquellos que continuaban excusándose a sí mismos volvieron a los remos.
Las excusas, no nos salvan la vida, al contrario, nos hunde y nos aleja cada vez mas de nuestro propósitos de vida.
DEJA LAS EXCUSAS!