05/07/2026
Junio llegó y, casi sin darme cuenta, se fue.
Me dejó momentos inolvidables, conversaciones que guardaré para siempre y la certeza de que también hay belleza en las pausas.
Me dejó el privilegio de acompañar a una amiga en la inauguración de su exposición de pintura. Reencontrarme con un primo. Jugar con mi gata entre las obras de casa. Contemplar lunas que parecían irreales. Dar forma, junto a mi coach, a un proyecto muy bonito que verá la luz dentro de poco.
Me regaló momentos de calma, encuentros con mujeres emprendedoras y charlas sobre inversión que te vuelan la cabeza y te hacen mirar el futuro con otros ojos. También hubo intentos de plantar nuevas semillas, la ilusión de ver asomar una de ellas de la tierra y un pequeño sueño cumplido: instalar por fin el balancín que tanto imaginé.
Hubo abrazos de familia. Tardes de playa con mis amigos de toda la vida que valen oro. Tardeos, más lunas bonitas y esa sensación, tan sencilla como extraordinaria, de sentirse plenamente feliz.
Ahora sigo navegando este tiempo de descanso, preparándome con ilusión para la próxima etapa…
Porque, a veces, los meses que parecen más tranquilos son los que más nos transforman.