19/01/2026
“La Tormenta y el Gigante”
Lyonel jamás había mostrado demasiado interés por omegas masculinos, sin embargo, la cosa cambió cuando lo vislumbró, encogido sobre su propio eje, atiborrándose con las delicias con las que sus siervos y doncellas tuvieron a bien engalanar las largas mesas de su pabellón.
Era un hombre como ningún otro que hubiese visto antes, no solo por la descomunal altura a la cual aún no parecía adaptarse —como si ese maravilloso rasgo suyo fuese algo de lo que avergonzarse— sino por una inconfundible inocencia aún reluciéndole en aquellos ojos tan azules.
Decían que no había azul más singular que el de los Baratheon, pero Lyonel creyó, más en ese momento sobre ningún otro, que no eran más que falacias.
La profundidad de aquel azul era indescriptible para hombres como él, que a ratos le daba por ponerse filosófico, y en esa misma profundidad la inocencia y la nobleza de un alma más pura que un amanecer recién nacido, se lucían con el mismo orgullo que un rey portando una corona cuajada en gemas.
Se preguntó cómo se vería adornado con las astas del venado Baratheon, y tras muchos tragos, un baile que le sacó a Dunk su lado más laxo, más inclinado a la risa, y abrazos que Lyonel hubiese deseado, fuesen más largos, consiguió su respuesta.
Ni las doncellas de Antigua, ni las princesas dragón igualarían jamás a la visión que Dunk le obsequió con la más dulce humildad.
Se colocó él mismo, con esas manos tan grandes y gentiles las astas que él solía usar cada que a los hombres les daba por reunirse a matarse entre sí por diversión, e hizo lo que Lyonel necesitaba.
Le escuchó.
Le escuchó atento, en silencio, con esos inocentes ojos azules fijos en su rostro de borracho y en ningún momento pidió favor alguno.
Dunk no era como ningún hombre u omega que hubiese conocido hasta entonces, y eso terminó por prendar a Tormentalegre.
Por ello, cuando la sangre amenazó por correr y el dragón quiso quitarle al venado lo que era suyo por derecho de haber amado antes, Lyonel no dudó ni un segundo en colocarse junto a Dunk, ese maravilloso omega de altura prodigiosa, y elevar su lanza en pos de defender su honor.
Lyonel se propuso vencer, no solo por el placer de ver en el suelo a aquel engendro malnacido al que todos llamaban príncipe, sino también para mostrarle a Dunk que era tan digno de su amistad como de su mano.
¿Continuará?
El primer episodio del Caballero de los Siete Reinos fue una joya. Ser Duncan es tan adorable, tan noble, tan caballeroso… UN VERDADERO CABALLERO EN CIERNES
Quise escribir esto luego de ver el capítulo porque… que bonito se siente ver algo creado con amor, así que les traigo este pequeño fanfic escrito con todo el amor del mundo.
Jamás me terminó de pasar el Aerion x Dunk, y tras haber visto bailar a Tormentalegre con nuestro adorable gigante, más me aferro a ello, ARRIBA EL LYONEL X DUNK y que chsptm Aerion el Monstruoso.
¿Opiniones?