29/06/2016
Hasta hace algunos años, las declaraciones de Hurtado no mostraban arrepentimiento, pero sí la rabia de ser el único procesado por un crimen que el mismo Estado le enseñó y empujó a cometer, la rabia de ser el chivo expiatorio de una cadena perversa que sólo se rompe de su lado. Cuatro años atrás aseguró sentirse arrepentido pero "solo de cumplir esas órdenes", y que el perdón que esperan las familias "las tienen que dar los que dieron las órdenes".
El miércoles pasado, en la parte final de su alegato, el teniente Telmo Hurtado pidió perdón a los familiares por primera vez y pidió que se consideren los trece años que lleva de encierro en su sentencia. Asimismo, solicitó que se le condene por la responsabilidad que le toca de acuerdo al rango que tuvo en aquella época.
Mientras tanto, los familiares esperan. Aguantan audiencias larguísimas, cancelaciones, tardanzas, dilataciones en este proceso. No han dejado, sin embargo, de celebrar el amor por su tierra y costumbres y han logrado trasladar sus demandas a los escenarios en los que el juego y la protesta se entremezclan.
Desde hace 5 años, en el contexto de los concursos de comparsas de carnavales ayacuchanos, la Asociación Hijos de Accomarca escenifica la masacre que marcó a su comunidad. En marzo del 2016, esta asociación de migrantes incorporó a esa teatralización el proceso judicial. En aquella nueva escenificación los militares salen libres. “Es lo que creemos que va a suceder”, me dijeron. Un escalofrío me recorrió entonces.