07/05/2026
Este fin de semana me desconecté.
Apagué el ruido, guardé el celular y me dediqué a lo más importante: mi familia. Disfrutamos de la playa, un parque acuático y, sobre todo, de estar juntos.
Mientras veía a mis hijos reír, pensé en todo lo que han traído estos últimos meses.
Operaron a mi hijo.
Perdí mi empleo.
Terminé mi certificación en lactancia.
Conseguí un nuevo empleo.
Ha habido lágrimas, incertidumbre, aprendizaje y mucha gratitud.
La maternidad también me ha enseñado de resiliencia. Porque, aun con el corazón apretado, una sigue adelante. Sigue cuidando, abrazando, alimentando, sosteniendo... incluso cuando una misma necesita ser sostenida. Descubrí que ser fuerte no significa no quebrarse, sino levantarse una y otra vez con más amor que miedo.
La vida me ha recordado que no siempre podemos controlar lo que sucede, pero sí cómo elegimos vivir cada etapa. Y este tiempo me ha enseñado a hacer algo que antes me costaba muchísimo: fluir.
Hoy entiendo que cerrar puertas también abre otras, que incluso en los momentos más difíciles seguimos creciendo, y que los pequeños momentos con quienes amamos son los que realmente llenan el corazón.
Si tú también estás atravesando una etapa difícil, quiero recordarte algo: el capítulo que hoy te duele no tiene por qué ser el final de tu historia. A veces, es solo el comienzo de algo mucho mejor. ❤️