07/30/2025
Hoy, mientras me bañaba, sonreí al darme cuenta de que la tortura de la recuperación post cesárea ya había terminado.
Accidentalmente se me resbaló el jabón de las manos, y llegó a mi mente el recuerdo de mis baños cuando recién nació mi bebé. En ese entonces, hubiera sido un desafío tratar de recoger el jabón. Pero ahora, tres meses después del parto, todo volvió a la normalidad.
Ya no tengo esa sensación de quedarme sin aire al quitarme la faja para darme mi baño, ni esa opresión en la boca del estómago que me hacía pararme encorvada. Ya no tengo que apoyarme en las paredes para evitar caer. Ya no necesito bañarme lentamente porque mi herida duele. Ya no lloro bajo la regadera por sentirme torpe, lenta, adolorida, frustrada, y con mis hormonas traicionándome.
Fue un camino difícil. Lo leí, me lo dijeron, pero hasta que no lo viví, no lo creí.
Pero hoy te puedo decir que todo eso quedó en el pasado. Como un recuerdo doloroso, sí, pero también como una experiencia que me demostró lo fuerte que puedo llegar a ser.
Así que tranquila, mamita. No eres ni la primera ni la última. Habemos muchas guerreras que pasamos por esto, y aquí estamos, tiempo después: recuperadas, sanas y disfrutando de nuestros bebés. Porque todo valió la pena.
Y porque lo volvería a hacer una y mil veces, con tal de tener a mi bebé en mis brazos. ❤️🩹✨