08/05/2026
Salimos de nuestro primer taller intensivo con más preguntas que respuestas.
Cuatro sesiones a lo largo de julio y doce horas de práctica nos obligaron a preguntarnos cómo compartir algo que llevamos seis años aprendiendo junto al color botánico. ¿Tiene sentido esta secuencia de pasos? ¿Será demasiado ambicioso introducir el añil en la última sesión? ¿Cómo reaccionarán los tintes con el agua de San Diego?
La incertidumbre estuvo presente desde el principio. No es lo mismo que un proceso repetido varias veces antes no salga como esperabas en el estudio, que tener a doce personas observando, haciendo preguntas y tomando notas de cada decisión que tomamos. Sabemos que así es el color natural: exige respeto, paciencia y la confianza de que aparecerá a su propio ritmo, respondiendo a los materiales, al contexto y a las manos que lo preparan.
Ni las largas filas de una frontera cada vez más tortuosa de cruzar lograron disminuir la satisfacción de compartir este espacio con un grupo de personas verdaderamente interesadas en aprender. El color natural tiene esa capacidad de cautivar, en el sentido más literal de la palabra.
Durante la última hora del taller, la galería de The FRONT se llenó de exclamaciones, risas y sorpresa mientras las participantes experimentaban libremente sobre el último tramo de tela que les entregamos. Fue una pequeña fiesta. Personas que unas semanas antes no nos conocíamos terminamos compartiendo conversaciones y emociones alrededor del color.
Ha sido un verano muy especial para nosotras.Gracias a The FRONT Arte & Cultura por invitarnos y confiar en nuestra propuesta. Y, de manera muy especial, gracias a Elizabeth Baca por su generosidad, disponibilidad y apoyo constante para hacer posible este taller.
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