28/10/2025
Halloween: ¿festejar o no festejar? Lo que dicen los especialistas sobre esta celebración y los niños
Cada año, cuando se acerca Halloween, vuelve el mismo debate entre padres: ¿es una fiesta inocente o una influencia negativa? ¿Conviene que los niños participen, se disfracen, pidan dulces? ¿O estamos fomentando el miedo y la violencia?
La respuesta, como en muchos temas de crianza, no está en los extremos. Halloween puede ser una oportunidad educativa y emocional si los adultos la acompañan con criterio, sentido común y afecto.
Una mirada más allá del miedo
Varios psicólogos coinciden en que Halloween puede tener un valor positivo en la infancia, especialmente en la forma en que los niños procesan el miedo.
Durante esta etapa, el miedo es parte natural del desarrollo: temen a la oscuridad, a los monstruos, a lo desconocido. Participar de una fiesta donde esos temores se representan de forma lúdica y controlada les permite “jugar con lo que asusta” y reducir la carga emocional que conlleva el miedo.
Como explica la psicóloga infantil María Teresa Pérez, “cuando el niño se disfraza de algo que normalmente teme, como un fantasma o una bruja, lo está desmitificando. El disfraz, la risa y el juego transforman el miedo en diversión, lo cual es terapéutico y fortalecedor”.
Lo simbólico y lo social
Además del componente emocional, Halloween favorece la socialización. Es una ocasión para jugar con otros, imaginar, crear y compartir momentos fuera de las rutinas estructuradas.
El disfraz y la dramatización estimulan la creatividad y el juego simbólico —herramientas esenciales para el desarrollo emocional y cognitivo—.
Por supuesto, todo depende de cómo se viva en familia. Si se la enfoca desde el miedo o la violencia, puede generar angustia. Pero si se la aborda desde la diversión, el humor y la curiosidad, se convierte en una experiencia enriquecedora.
Qué opinan los psicólogos familiares
Expertos en desarrollo infantil coinciden en que la clave está en el acompañamiento.
El psicólogo clínico Luis Ávila señala: “El problema no es la fiesta, sino el enfoque. Si los padres explican qué es, la viven como un juego y respetan los límites del niño —si no quiere disfrazarse o tiene miedo—, Halloween no solo no es perjudicial, sino que puede ser una herramienta para hablar del miedo y de cómo enfrentarlo.”
Otros profesionales, como la psicopedagoga Laura González, remarcan la importancia de “respetar las edades y los niveles de sensibilidad de cada niño”.
No todos los pequeños disfrutan de las mismas imágenes o sonidos, y obligarlos a participar puede generar el efecto contrario: ansiedad o rechazo.
Una oportunidad para educar en emociones
Halloween también puede aprovecharse para educar en valores. Por ejemplo, enseñar sobre la diferencia entre lo real y lo imaginario, sobre el respeto por los demás, sobre el cuidado del entorno o la generosidad al compartir dulces.
Convertirlo en una actividad en familia, donde todos colaboren en los disfraces o en la decoración, refuerza el sentido de pertenencia y la cooperación.
La mirada desde la fe
También es importante mencionar que algunos sacerdotes y referentes de la Iglesia Católica desaconsejan la celebración de Halloween, por considerar que desvirtúa el sentido espiritual de la Fiesta de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre. Según esta mirada, Halloween se ha convertido en una festividad comercial que banaliza lo sagrado y pone el foco en lo oscuro, lo tenebroso o lo superficial.
Sin embargo, otros teólogos y educadores dentro del ámbito religioso invitan a no satanizarla, sino a re-significarla desde la fe y los valores familiares: aprovecharla para hablar con los niños sobre el bien, la esperanza y la importancia de elegir la luz frente al miedo.
Así, cada familia puede decidir desde su propia mirada espiritual cómo vivir esa fecha, priorizando siempre el sentido, el diálogo y el respeto por las creencias.
En resumen
No hay una respuesta única. Halloween no es perjudicial en sí mismo, pero tampoco es una obligación.
Puede ser una experiencia divertida, creativa y emocionalmente constructiva si los adultos acompañan con conciencia y amor.
Los miedos infantiles no se resuelven negándolos, sino enseñando a mirarlos con humor y confianza.
Y si a través de un disfraz, una risa o una historia los niños aprenden que lo que asusta puede perder poder, entonces Halloween deja de ser una fiesta de miedo…
y se convierte en una lección de valentía, respeto y juego compartido.