16/08/2026
Hoy necesito usar este espacio para contar algo que, lamentablemente, nos toca vivir a muchos comerciantes y emprendedores.
El 1 de junio una persona entró a nuestro local y nos robó mercadería. Ayer, increíblemente, volvió a entrar.
Esta vez, por suerte, nuestra empleada la reconoció, actuó rápidamente y activó la alarma de pánico. La policía llegó al local y pudo detenerla.
Y más allá del alivio de que esta vez haya sido detenida, queda una mezcla enorme de bronca, impotencia y cansancio.
Porque emprender en este país ya es suficientemente difícil. Mantener un local abierto, pagar alquiler, impuestos, servicios, sueldos, cargas sociales, proveedores… cumplir con absolutamente todo. Trabajar todos los días para salir adelante y sostener una fuente de trabajo.
Y después aparece alguien que, con total impunidad, entra y se cree con derecho a llevarse lo que tanto esfuerzo nos cuesta conseguir.
¿Hasta cuándo? ¿Cuánto más tenemos que aguantar los comerciantes y emprendedores?
No se trata solamente del valor de lo que se llevan. Se trata de la sensación de inseguridad, de la impotencia y del desgaste. De llegar a un punto en el que realmente te sacan las ganas de seguir apostando, de invertir y de trabajar.
Esta vez pudimos actuar a tiempo y quiero agradecer especialmente a nuestra empleada por estar atenta y reaccionar tan rápido, y a la policía por haber intervenido.
Ahora solo espero que la Justicia haga su parte y que esta persona no vuelva a estar en la calle inmediatamente, como tantas veces vemos que sucede.
Los que trabajamos, damos empleo, pagamos nuestros impuestos y abrimos todos los días la persiana también merecemos sentirnos protegidos.
Estamos cansados de trabajar y esforzarnos para que otros crean que pueden llevarse lo nuestro con total impunidad.
Basta. Queremos trabajar tranquilos.