Son herencias modernas de por vida. En los diseños existe una relación de armonía con la naturaleza. Y en ella está la materia prima que Verónica Santesteban elige todos los años y luego trabajan joyeros, ebanistas, bordadoras. Cada pieza nace a partir de la rusticidad y se cincela por los mejores en su oficio. Somos un enlace con las clientas que valoran lo hecho a mano como un articulador de uni
versos. Todos los detalles reflejan la belleza de lo imperfecto. Porque cada piedra de ónix, fragmento de madera, asta, hueso y tejido de chaguar es distinta, única e irrepetible. Esos son los materiales que hoy trabajan la tercera generación de artesanos, los guardianes de una sabiduría que se aprende viendo y haciendo. Nuestros objetos se materializan en procesos lentos y laboriosos. Cada producto habla de un paisaje y de su gente. Buscamos incidir en el rescate y la revalorización de la artesanía como forma de transmisión cultural de esta comunidad en donde todo es fruto del esfuerzo compartido con la comunidad. Y esa es la historia que nos interesa contar.