05/04/2026
La Pascua también educa: en la espera, en la participación y en el lugar que un niño ocupa dentro de una celebración.
Puede vivirse de muchas maneras.
Para algunas personas, tiene un sentido espiritual muy profundo.
Para otras, está más unida a la tradición familiar, a ciertos gestos que vuelven cada año, al encuentro.
Y para muchísimos chicos, hoy también tiene forma de infancia: la mesa, el jardín, los huevos, el chocolate, la sorpresa.
Por eso me interesó mirarla un poco más de cerca.
Es una fecha atravesada por capas muy distintas, y quizá por eso sigue teniendo tanta fuerza.
Hay fe, memoria, libertad, vida nueva, naturaleza, comunidad, símbolos que cambiaron con el tiempo y costumbres que todavía siguen vivas.
Y desde Montessori, todo eso puede leerse de una manera muy fértil.
Porque una celebración también forma al niño: en la manera de esperar, en cómo participa, en cuánto puede hacer por sí mismo y en el lugar que ocupa dentro de la mesa, de la conversación y del ritual.
Si pensamos esta fecha desde Montessori, aparecen preguntas muy concretas.
¿El niño solo recibe la celebración o también la construye un poco?
¿Tiene algo para preparar, ordenar, servir, observar, preguntar?
¿Hay contacto con la naturaleza, con los alimentos y con algo que pueda tocar y comprender?
¿La costumbre lo incluye de verdad en la vida de la familia?
Ahí, para mí, está lo más interesante.
Porque la libertad, en Montessori, es poder actuar con sentido dentro de un ambiente cuidado.
La naturaleza es una maestra concreta, incluso en otoño.
Por eso, incluso algo tan simple como buscar huevos de chocolate en el jardín puede tener mucho espesor: juego, espera, observación, movimiento, alegría compartida, conversación, memoria.
Después de estos días, me interesa leer cómo la fueron viviendo en sus casas.
Y, si mañana tienen prevista búsqueda de huevos, también cómo la piensan preparar.
Me interesa leerte:
¿cómo pasaron estos días ustedes?
¿Y qué te gustaría que tu hijo recuerde de esta Pascua cuando sea grande?