04/07/2025
Hay algo mágico en ver a tu hijo ponerse una remera y transformarse. No es solo una prenda: es una declaración de quién cree que puede ser.
Cuando se apaga la luz… brilla.
Y no solo la remera. Brillan sus ojos, su imaginación, su valentía.
De repente, el cuarto deja de ser un cuarto. Es una ciudad que necesita ser salvada, una galaxia en misión, un universo donde él o ella es el protagonista.
La capa vuela.
Se ata, se suelta, se agita en cada carrera por el pasillo o cada salto desde el sillón. Porque para un pequeño titán, cualquier rincón se convierte en su propia película épica.
No se la quieren sacar. Porque no es ropa. Es poder.
Brilla en la oscuridad. Porque los héroes no se apagan.
Es capa, es juego, es identidad. Porque no hay mejor escudo que su imaginación.
Vos los ves. Ellos no están “jugando a ser”.
Ellos son.
Y vos… solo querés que ese momento dure un poco más.
Ese instante en que tu hijo se siente invencible.
Y sabés que lo estás acompañando en construir algo mucho más grande que un juego: su confianza.
Lo que brilla en la oscuridad, también deja huella en el corazón.