15/02/2017
El día de ayer, alrededor de las 22 de la noche nuestro jefecito, Roberto Sastre Burgos, decidió que ya era hora de despedirse y dejó este mundo en paz.
Ni la más bella y dulce expresión podrá describir cuanto fue querido, respetado y amado.
Roberto supo como marcar cada vida con la que entro en contacto. Fuere un proveedor, un amigo, un huésped... La familia.
Su conducta y sabiduría supo abrir caminos a emprendedores que soñaban con cambiar sus vidas, en quienes el depositaba toda su fé, tiempo y dedicación, porque siempre creyó en el potencial de la gente y en cuanto algunos de ellos desconocían ese brillo interno que él sabía descubrir y relucir.
El siempre comentaba que "la pasiciencia es la madre de las virtudes" y así mismo, aplicando su propia filosofía, construyó de la nada, todo y para todos.
Aún así solo hayas compartido un café, una copa de vino o armaste una empresa con el, supiste que era un hombre extraordinario, que con sus 73 años gozaba de una mente iluminada y ultra conservada que elaboraba complejisimos planes y estrategias.
Como hijo, siempre fue fiel a sus padres.
Como hermano, supo ser el compañero que toda hermana quisiera.
Como padre, educó, amó y crío como pocos saben hacerlo. Con una mente abierta, el corazón de par en par y brazos acojedores.
Como abuelo, el "Abu Ro" fue inspiración para sus nietos desde los primeros años y ellos son el digno reflejo de los valores diarios que profesaba.
Como jefe, siempre abierto, respetuoso y serio. Dio trabajo, hogar y bienestar a cientos de personas que seguramente cada uno de ellos, recordará alguna que otra anécdota.
Y como esposo, amó con fervor y pasión hasta su último respiro. En sus ojos siempre se pudo ver el brillo que el amor mismo le generaba para con su socia, compañera, amiga, confidente y eterno amor. Romántico día y noche.
Hoy transitamos por un vacío en Finca La Octavia, que llevara un tiempo saber recuperar, pero siguiendo con sus enseñanzas, sabremos encontrar como transitar nuestras vidas.
Esta foto es fiel reflejo del carisma que irradiaba con cada sonrisa que esbozaba, y así lo recordamos por estos jardines.
Hasta siempre y eterno gracias, jefecito.