19/06/2023
La filósofa más conocida y transgresora de todas fue Hiparquia de Maronea, de la escuela de los cínicos. No dejo ningún escrito, pero fue célebre por dinamitar todas las convenciones en su conducta pública. Renunció a la fortuna familiar y vivió en la calle con su amante Crates, vistiendo harapos. Como ambos creían que las necesidades naturales eran buenas y no debían avergonzar a nadie, practicaban el s**o a la vista de todos, sin espantar a los mirones. Cierto día, un hombre señaló a Hiparquia y pregunto: "¿Es esta la que ha abandonado la lanzadera?" Y ella contestó: "Sí, soy yo. ¿Te parece que me equivoco dedicando a mi propia educación el tiempo que iba a gastar en el telar?"
Después de todo, quizá Hiparquia pensaba, con humor juguetón, que la mente es un gran telar de palabras. Todavía entre nosotros, en la terminología literaria se continúa empleando esa imagen de la narración como tapiz. Seguimos hablando con metáforas textiles de tramas, de urdimbres, de hilar relatos, de tejer historias. ¿Qué es para nosotros un texto, sino un conjunto de hebras verbales anudadas?
Asi se describía a sí misma la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner: "Pertenezco a la estirpe de aquellos que recorren el laberinto sin perder nunca el hilo de lino de la palabra".
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El infinito en un junco - Irene Vallejo
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