19/07/2026
La falta de una madre…
es un silencio que nunca termina.
No importa cuántos años tengas.
No importa cuántas canas peinen tu cabello.
Siempre habrá un rincón del alma
que seguirá llamándola.
¿Quién llena el vacío
de un abrazo que ya no vuelve?
¿Quién responde con la misma ternura
cuando el corazón se rompe?
La ausencia de una madre
no entiende de edades.
Duele en la infancia.
Duele en la juventud.
Y duele aún más
cuando la vida madura
y descubres cuánto significaban
sus palabras, sus consejos
y hasta sus regaños.
Hay días en que basta un aroma,
una canción,
una receta,
o una fotografía…
Y el corazón vuelve a buscarla.
¿Cómo dejar de extrañar
a quien fue el primer refugio?
¿Cómo acostumbrarse
a un mundo donde ella ya no está?
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Pero hay heridas
que no desaparecen.
Solo aprendemos
a caminar con ellas.
Porque una madre
no se reemplaza.
Se recuerda.
Se honra.
Se ama.
Y aunque sus manos ya no puedan abrazarnos,
su amor sigue viviendo
en cada enseñanza,
en cada oración,
en cada gesto de bondad
que sembró en nuestra vida.
Si hoy tu madre aún está contigo…
Abrázala.
Escúchala.
Dile cuánto la amas.
Y si ya partió…
Háblale en tus silencios.
Agradécele en tus oraciones.
Vive de una manera
que la haga sentir orgullosa.
Porque la ausencia de una madre
es, quizá, la más profunda de todas…
Pero el amor que ella deja
es tan inmenso…
Que ni siquiera la muerte
es capaz de apagarlo. 🤍
Me gustó mucho ©️ D.R.