08/03/2026
Cuando veo a una mujer gestar, cuando veo a una mujer parir, cuando veo a una mujer dar la teta, cuando veo a una mujer mantener vivo a un bebé, cuando veo a una mujer sobrevivir sin dormir, cuando veo a una puerpera, cuando una mujer me cuenta que está menstruando, cuando veo a una mujer luchar por sus sueños aunque todo nos cueste más, cuando veo a una mujer ayudando a la otra, cuando nos veo pasándonos data de forma desinteresada, cuando nos veo cuestionándonos todo, trabajando en nosotras mismas y nuestra evolución, cuando nos veo ser el pilar invisible pero fundamental que sostiene el mundo, cuando nos veo tejiendo red, siempre pienso…
Que zarpada somos. Que fuerza tenemos. Que grosas, que diosas, que poderosas. Que capacidad de crear y no solo a hijos/as me refiero. Que pulso de vida. Que cíclicas y madre tierra.
Que capacidad de luchar y salir adelante. Que capacidad de seguir aunque seamos invisibles. Que capacidad de lidiar (a nuestro pesar) con la carga mental.
Qué generosas.
Qué difícil y qué privilegio ser mujer.
Mi trabajo, habitar el hospital público y el ámbito privado a la vez me da la posibilidad de maravillarme con las mujeres independientemente del contexto social, político, económico y cultural. Me regala conocerlas en un momento de intimidad, vulnerabilidad y salvajismo y regalarnos siempre una sonrisa.
Nos honro. Nos merecemos todo. Celebro cuando nos cuidamos. Cuando nos somos amables. El mundo nos debe mucho y debería amarnos y reconocernos más, si, pero enfoquémonos en la unión que si tenemos y que podemos nutrir y construir entre nosotras.
Nos amo. Nos veo.