04/08/2026
La montaña de ropa de 60.000 toneladas procedente de Europa que crece cada año y se puede ver desde el espacio.
Según el Parlamento Europeo, cada uno de sus casi 450 millones de habitantes adquiere 26 kilos de textiles al año y descarta 11.
Gran parte de ese excedente termina en el desierto de Atacama en Chile.
Cada año, Europa descarta millones de prendas que recorren miles de kilómetros hasta terminar en el lugar más inesperado, el desierto de Atacama, en el norte de Chile. Allí, junto a la ciudad de Alto Hospicio, se acumula una montaña textil de más de 60.000 toneladas visible desde el espacio, según la aplicación SkyFi. “Podemos confirmar que la enorme pila de ropa en el desierto de Chile existe y está creciendo”, apuntó la empresa en sus redes sociales, y la ONU ha calificado de “emergencia ambiental y social para el planeta”.
Europa tiene parte de culpa. La UE es el principal exportador de ropa desechada a escala global, con el 30% del total, por delante del Reino Unido (16%) y Estados Unidos (15%), según datos publicados por la ONU en un informe del año 2024.
El mecanismo que alimenta ese vertedero arranca con ropa procedente de Europa y termina en los muelles del puerto de Iquique. Esa ciudad forma parte de las zonas francas chilenas, donde las mercancías no tributan mientras permanecen en tránsito. El dispositivo, pensado para dinamizar el comercio local, opera como una trampa, los importadores envían la ropa a la zona franca de Alto Hospicio con la intención de revenderla en América Latina, pero cuando los artículos no encuentran comprador, nadie asume el coste de retirarlos. Según el Parlamento Europeo, cada uno de sus casi 450 millones de habitantes adquiere 26 kilos de textiles al año y descarta 11 kilos. Gran parte de ese excedente termina en el desierto de Atacama.
Las investigaciones llevadas a cabo por la ONG Ekō y el colectivo chileno Desierto Vestido han identificado las marcas más presentes entre los montones de prendas abandonadas, y el resultado es un catálogo amplio de firmas: H&M, Zara, Hugo Boss, Adidas, Levi’s, Old Navy, Under Armour, Tommy Hilfiger y Nike, entre otras. Jerseis navideños, botas de esquí, etiquetas todavía intactas.
El desierto más seco del planeta se ha transformado en el escaparate involuntario de la sobreproducción de la industria de la moda rápida. La mayoría de las prendas son de tercera calidad y sin valor de mercado, por lo que acaban en el vertedero.
Una parte de esa ropa no se limita a acumularse, para gestionar el volumen de textiles, operadores informales entierran o queman las prendas, con consecuencias directas sobre el agua subterránea y el aire. Bastian Barria, cofundador de Desierto Vestido, describió el suelo que queda tras los incendios. “Parece petróleo solidificado, pero en realidad son los restos de ropa que se ha fundido con el fuego”, señaló.