08/07/2023
Imagen de una playa. Años 70.
No veo tatuajes. Tampoco hay tumbonas, ni nadie con un móvil en la mano; la única red social existente son personas hablando con personas. Sin fotos que recuerden que hoy hemos ido al Gimnasio. Sin filtros, ni coreografías, ni tomando un café con el imprescindible recordatorio... "¡A por el viernes!".
Cuando la gente hacía fotos, los retratados miraban al objetivo, sin dejar la vista perdida como si el click de la cámara nos pillara en un descuido. Ni éramos, y ni nos pensábamos ni hacíamos de modelo.
Cuando yo era niño, que lo fui, porque no siempre he sido así de calvo, recuerdo ir a la licorería del barrio. Sólo había una.
Llevaba un envase de vidrio de una coca cola de litro, o de una botella de leche; la leche entera, desde luego, y no el agua con acuarela de color blanco que nos colocan ahora como leche semidesnatada.
Cuando devolvía ese envase de vidrio me daban una peseta. Y yo me sentía súper feliz. Y además, sin saberlo ya estaba ayudando al reciclaje, que por natural y común ni se subrayaba ni merecía una campaña publicitaria.
Quienes suméis algunas décadas sabréis de qué estoy hablando y recordaréis cosas similares.
En 2023 se va a aprobar la llei catalana de residus en el Parlament de Catalunya. Va a cambiar nuestra forma de tirar la basura y de gestionar los residuos.
Uno de los puntos de esta Ley consistirá en la posibilidad que tendremos las personas de... de devolver un envase de vidrio en un punto de venta a cambio de dinero. Como hace 50 años. Aparte de el im***il, ¿qué hemos hecho y en qué hemos malgastado el tiempo?
Con esto no quiero decir que lo de antes era mejor. Ni muchísimo menos.
Sólo pienso que hemos tomado como rutinas imprescindibles objetos y necesidades que hoy resultan totalmente prescindibles. Y que el consumismo nos invade. Porque queremos y nos va el salseo y el dispendio. Aunque luego nos quejemos, claro.