05/05/2016
En un barrio campesino, un grupo de amigos se divertía burlándose del pendejo del pueblo, un pobre infeliz, al que ellos atribuían poca inteligencia, que vivía de hacer mandados y de limosnas, y era amistoso e inofensivo.
Con frecuencia llamaban al pendejo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.
Él siempre escogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risa para todos.
Un día, alguien que observaba las burlas del grupo, llamó aparte al hombre y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos, y éste le respondió:
"Lo sé, no soy tan pendejo. Esta vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, se me acaba el jueguito y me quedo sin mi moneda."
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero de ella se puede sacar varias enseñanzas:
La primera:
El que parece pendejo no siempre lo es.
La segunda:
¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia?
La tercera:
Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero hay más...
1.- Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros.
2.- Lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.
3.- El verdadero hombre inteligente se hace el pendejo delante de un pendejo que quiere aparentar y lucírsela de inteligente...