19/07/2024
19 de julio de 2024
Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.
Isaías 44:22 [RV60]
"Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí"
Observa con atención la aleccionadora similitud: nuestros pecados son como una nube. Las nubes tienen muchas formas y tonalidades, lo mismo que nuestras transgresiones. Así como las nubes ocultan el sol y oscurecen el paisaje debajo, así nuestros pecados nos ocultan la luz del rostro de Jehová y hacen que nos sentemos a la sombra de la muerte. Son cosas nacidas de lo terrenal, que se elevan de los lugares cenagosos de nuestra naturaleza, y cuando su medida alcanza a estar llena, nos amenazan con tormentas y tempestades. ¡Ay de nosotros!, que, a diferencia de las nubes, nuestros pecados no nos arrojan lluvias agradables, sino más bien nos amenazan con inundarnos con un atroz torrente de destrucción. Oh, negras nubes de pecado, ¿cómo pueden nuestras almas g***r de buen clima mientras ustedes permanezcan?
Qué nuestro gozoso discernimiento observe cuidadosamente el notable acto de misericordia divina: "deshice". Dios mismo aparece en escena, y la benignidad divina, en vez de manifestar su enojo, revela su gracia: de una vez y para siempre Dios elimina el daño, no haciendo volar la nube, sino deshaciéndola de nuestra existencia para siempre. No queda pecado contra el hombre justificado, la magnífica operación de la cruz removió eternamente sus transgresiones. La gran obra, mediante la cual se desechó el pecado de todos los elegidos, fue realizada de forma completa y eficaz en el calvario.
Obedezcamos de manera práctica el misericordioso mandamiento: "vuélvete a mí" ¿Por qué han de vivir los pecadores perdonados lejos de su Dios? Si se nos han perdonado todos nuestros pecados, que ningún temor legal nos refrene de acercarnos confiadamente a nuestro Señor. Lamentemos nuestras inconstancias, pero no perseveremos en ellas. Luchemos duramente, con el poder del Espíritu Santo, por regresar a la comunión con el Señor más cercana que nos sea posible. ¡Oh, Señor, restáuranos esta noche!