16/02/2026
Este Carnaval me ha regalado algo más que recuerdos.
Me ha regalado una certeza: lo más importante, siempre, es compartir.
Compartir tiempo.
Compartir música que se mete en el pecho.
Compartir risas que curan.
Compartir ideas, materiales, esfuerzo, ilusión.
Compartir lo que tienes… y también lo que eres.
Este año lo he sentido de verdad.
Nuestras vecinas de la calle General Aguilera compartiéndonos su material sin dudarlo, haciendo que lo suyo también fuera un poquito nuestro.
Las chicas de La Calza compartiéndonos su plataforma… pero no solo fue una plataforma. Compartieron sus horas de trabajo, su cansancio, su dedicación. Compartieron parte de su camino para que se sumara al nuestro. Y eso tiene un valor que no se mide en nada material.
Hemos compartido ratitos de nave con otras comparsas geniales, conversaciones improvisadas, nervios antes de salir, abrazos que dicen más que mil palabras.
Hemos compartido aplausos del público, esa energía que te empuja cuando las piernas pesan y que te recuerda por qué haces todo esto.
Y entonces entiendes que el Carnaval no va solo de disfraces, ni de desfiles, ni de premios.
Va de sumar.
Va de abrir la mano.
Va de dar y recibir.
Va de compartir.
Gracias a todos los que habéis compartido algo con nosotros —grande o pequeño— porque todo ha sumado.
Y cuando se comparte de verdad… la magia ocurre