15/01/2026
Noticia aparecida en el Diario Vasco digital.
Cada vez queda menos para celebrar uno de los días más especiales para todos los donostiarras: el Día de San Sebastián. Una fiesta en la que miles de personas desfilan por las calles tocando tamborres y barriles vestidos con trajes de cocineros y militares de la época napoleónica. Por ello, la clásica sombrerería Leclercq, conocida por confeccionar los característicos sombreros de la Tamborrada, ha decidido exponer un gorro muy especial en uno de sus escaparates.
Se trata de un único ejemplar, hecho de cartón, que se usó hace más de 100 años. La pieza fue hecha para la Unión Artesana en la década de 1920, hace más de un siglo, lo que lo convierte en un objeto único, que todos los donostiarras pueden contemplar en uno de los locales de este famoso comercio.
Y es que esta sombrerería donostiarra fundada en el año 1932 adquirió parte de su fama gracias a la confección de los morriones de la Tamborrada. José Luis Leclercq, perteneciente a la tercera generación, era amante e investigador de la historia de la ciudad, y tras estudiar los uniformes, decidió diseñarlos y fabricarlos con todo lujo de detalles.
Mientras que José María Leclercq, arqueólogo e historiador, es el actual propietario de la histórica sombrerería ubicada en la Parte Vieja de San Sebastián. Y fue él quien descubrió este tesoro, que ha querido compartir con todos los donostiarras. «Rebuscando en el almacén de la trastienda», José María encontró este gorro que hoy en día puede considerarse como una auténtica reliquia.
Leclercq, que decidió hacerse cargo de la tienda y que pertenece a la cuarta generación familiar, limpió el sombrero y decidió exponerlo desde hace un par de años en el escaparate del establecimiento ubicado en la calle Fermín Calbetón, donde, desde entonces ha llamado la atención tanto de clientes donostiarras como de turistas y viandantes que se han detenido a admirarlo y fotografiarlo.
«Antiguamente, en la sombrerería hacíamos trabajos para las diferentes tamborradas y mi abuelo guardó algunos ejemplares que debían estar en malas condiciones y se han conservado hasta nuestros días», explica José María Leclercq, quien considera como «un orgullo» que la ciudadanía pueda y sepa apreciar el valor de estos artículos.