22/08/2026
Hay una parte de las ferias que nunca aparece en las cuentas al final del día.
Son las conversaciones. Las personas que se acercan, preguntan, quieren saber de dónde viene una co**ha, cómo está hecha una pieza o cuánto tiempo lleva detrás un oficio. Las que vuelven después de haberte conocido años atrás. Las que descubren mi trabajo por primera vez. Y también las que, como hoy, me piden una fotografía juntas y se llevan algo más que aquello que han venido a comprar.
Después de tantos años haciendo ferias, sigo encontrando en ese contacto con la gente una de las razones más bonitas para continuar.
Porque pasar tantas horas detrás de un mostrador también significa escuchar, explicar, conocer personas de lugares muy distintos y comprobar cómo algo que nació en una pequeña mesa de mi taller, en O Grove, termina formando parte de la vida de alguien que quizá vive a cientos o miles de kilómetros.
Mostrart tiene mucho de eso. Y por eso es una feria tan especial para mí.
Hay días agotadores, claro que los hay. Pero luego sucede algo tan sencillo como lo que recoge esta fotografía y recuerdas que nuestro oficio no termina cuando acabamos una pieza.
De alguna manera, ahí empieza su viaje.