15/10/2026
A pensar.
A comunicar.
A hacer preguntas.
A equivocarse sin dramatizar.
A aprender herramientas nuevas.
A cumplir su palabra.
A entender cómo funciona un negocio.
A hablar con personas.
A resolver problemas.
A probar.
A volver a empezar.
No puedo entregarles mis 25 años de experiencia dentro de una caja.
Tendrán que vivir sus propias cosas.
Equivocarse.
Tomar sus decisiones.
Encontrar su camino.
Pero sí puedo intentar darles herramientas que a mí me habría encantado tener cuando era joven.
Y probablemente por eso disfruto tanto trabajando con ellos.
Porque no se trata únicamente de que me ayuden.
También se trata de todas esas conversaciones que aparecen mientras hacemos cosas juntos.
Quizá ese sea uno de los mejores legados que podemos dejar:
no decirles qué camino tienen que tomar.
Sino ayudarles a sentirse capaces de construir el suyo.