24/05/2025
Lía no ladra, pero habla al alma.
Llegó tras la pérdida de Enzo, un yorkshire guapísimo que fue el ojito derecho de su dueña. Y aunque el corazón aún estaba en duelo, esta pequeña conquistadora se metió en casa —y en las sábanas— sin pedir permiso.
Dulce, silenciosa, pegada siempre a ti, como si supiera que vino con una misión: sanar.
Hasta el marido, que no era de perros pequeños, se ha rendido.
Ahora la achucha y repite: “¿Quién te ha enseñado a ser tan robacorazones?”
Dicen que los ángeles no siempre tienen alas. Algunos tienen cuatro patas, un pedigrí de campeona… y una forma muy suya de recordarte que el amor vuelve.
Lia lleva una pajarita de la colección Ewaby