13/07/2026
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FINAL
4/ Mi reencuentro con el mundo de la pasarela.
Por último, conocer a una mujer por la que siento una gran admiración fue otro de los golpes de suerte de la noche.
Pino Montesdeoca a los 64 años reina en las pasarelas más destacadas de nuestro país. Comenzó su carrera a los 53, desafiando los arquetipos de una industria que, por encima de todo, prima la juventud. Pero esta canaria magnética y camaleónica ha conseguido destacar en un mundo tan competitivo y deslumbrante como despiadado. Enhorabuena Pino por tu impecable trabajo y tu saber hacer.
5/ Un pequeño drama
Desde que recibí la invitación para asistir a la gala sabía qué vestido iba a llevar. Lo que no tenía claro era el tema de los zapatos: soy bastante perfeccionista y me parece que para cada prenda sólo hay un calzado perfecto. Después de poner el vestidor patas arriba, ninguno me parecía que encajara hasta que recordé que en un rincón al fondo de un armario guardaba varios pares de esos que nunca pensaba que me volvería a poner. Y allí estaba: un conjunto de cartera y sandalias, de raso oro viejo, de Stuart Weitzman, con una gran flor en su parte delantera rematada con un precioso adorno de Swarosky. Exactamente lo que necesitaba.
He reservado un taxi para las ocho y media. Son y veinte cuando, ya vestida me pongo el zapato izquierdo, luego el derecho y cuando lo ajusto, entre incrédula y aterrada siento como la flor se deshace entre mis manos. Me quedo paralizada, no sé qué hacer. Salgo corriendo del espléndido apartamento que he alquilado en la Plaza de Oriente y me lanzo escaleras abajo. Consigo varios minicostureros de urgencia e intento coser la flor pero no hay manera. La ato de cualquier manera con el hilo del color más parecido y cuando consigo que deje de bailar, corro a coger el taxi. La flor aguanta un rato pero al final del evento, sin previo aviso, la del pie izquierdo empieza también a desvanecerse.
Cuando veo esta foto, no puedo dejar de mirar el pétalo que desolado descasa en el suelo y las flores deshojándose como en un otoño que augura el fin de un par de preciosas sandalias que ya no tendrán otra oportunidad.