06/09/2022
Existió una vez un barquito al que le asustaba navegar, nunca lo había hecho porque su dueño lo tenía en un puertecito amarrado y nunca lo sacaba a pasear. Su dueño lo tenía muy limpito y todos los días iba a verlo y a pasar un buen rato en su interior leyendo o pensando en sus cosas. Los otros barcos se reían de él porque nunca había navegado y le daba miedo hacerlo. Un día, una familia con una niña le pidió al dueño del barquito si podían dar un paseo cortito por el mar, estaban de viaje en la ciudad y al verlo se habían quedado prendado de él. El dueño del barquito le dijo que sí, que les daría un paseíto por la bahía. El barco salió de su amarre un poco asustado, pero tal y como iba navegando suave, lentamente, empezó a relajarse. Lo que más le gustaba era que la niña disfrutaba tanto con él que le contagiaba tanta felicidad. La niña acariciaba el mar sacando su manita por el estribor y al hacerlo acariciaba al barquito que suspiraba de felicidad. El barquito pensaba que sería maravilloso quedarse para siempre con esta familia y que lo sacaran a pasear a menudo a descubrir nuevos lugares y mares maravillosos. Lo pensó tan fuerte que su deseo se hizo realidad. Cuando llegaron a puerto, la familia había disfrutado tanto que le propusieron al dueño comprar el barquito. Al principio, el dueño no estaba convencido pero tras pensar en ello y comprender que un barco necesita navegar y no estar todo el tiempo amarrado, accedió y se lo vendió. Desde entonces, el barquito dejó de tener miedo, en su nuevo sitio ningún barco se rió de él, y todos veían lo feliz que era cuando salía a surcar las olas.
¿Quién será esa niña que lo haga navegar?