07/07/2026
Por Siempre , puro Amor
Hay un momento, casi al cumplirse el primer año, en el que descubres que ya no tienes miedo de aceptar que esa persona murió. Lo que realmente te rompe es darte cuenta de que el mundo siguió adelante. La gente dejó de preguntar cómo estás. Ya casi nadie la menciona. Pero tú sigues encontrándola en una canción, en una fotografía, en una fecha cualquiera o en una conversación que, por un instante, te hace olvidar que ya no está.
Entonces entiendes que el duelo no solo consiste en aprender a vivir con la ausencia. También revela cuánto de tu propia identidad estaba construida alrededor de esa persona. Porque cuando se va un padre, una madre, un hijo, una hija, un hermano, una hermana o alguien que fue parte de tu vida, no solo pierdes su presencia. También desaparece la versión de ti que existía cuando podías buscar su abrazo, escuchar su voz o pedirle un consejo.
Quizá por eso el duelo más profundo no es aprender a vivir sin quien partió. Es aprender a seguir amándola cuando el mundo ya dejó de recordarla, mientras tú intentas descubrir quién eres ahora con una parte de tu historia que nunca podrá volver.