08/07/2026
La Vía Láctea viaja a una velocidad de seiscientos kilómetros por segundo, impulsada por una fuerza monumental e invisible conocida como el Gran Atractor. Aunque su masa equivale a la de miles de galaxias, una densa muralla de polvo cósmico lo oculta de la observación directa, operando desde las sombras del espacio profundo.
Este magnetismo a escala macrocósmica plantea un ciclo donde el principio y el fin se integran, evocando la naturaleza del Uroboros en una constante danza celeste donde las fuerzas de la física y el misterio del cosmos se encuentran.