12/07/2026
No soy de ir a la iglesia cada domingo.
De hecho, hace mucho entendí que puedo hablar con Dios desde cualquier lugar. Mientras manejo, mientras trabajo, antes de dormir o cuando simplemente necesito agradecer. Nunca he sentido que necesite cuatro paredes para que Él me escuche.
Pero hay días…
Hay días en los que el cuerpo pesa más de lo normal. En los que la mente no deja de dar vueltas. En los que cargas tantas cosas por dentro que ni siquiera sabes cómo explicarlas.
Y entonces aparece una necesidad muy extraña.
No de pedir. No de reclamar. Ni siquiera de hablar.
Solo de ir.
De sentarte en una banca, guardar silencio y sentir que, por un momento, alguien sostiene todo ese peso que llevas cargando.
Siempre he dicho que, cuando escucho cantar a los pájaros, siento que Dios me responde. Es una sensación que no sé explicar, pero me da paz. Como si me recordara que sigue ahí, aunque yo ande perdida entre pendientes, preocupaciones y ruido.
Pero hoy… hoy los pajaritos no me bastaron.
Hoy mi corazón necesita ir a su casa.
Y pensé que quizá no soy la única. Tal vez todos, aunque vivamos la fe de maneras distintas, llegamos a ese momento en el que el alma deja de pedir respuestas y solo necesita descansar un ratito en Él.
No sé qué estés viviendo tú hoy.
Solo espero que, donde sea que encuentres a Dios, también encuentres un poquito de paz. 🤍