23/01/2026
Soy hija de una mujer que resistió en silencio…
una mujer que guardó sus dolores como quien guarda piedras en los bolsillos,
caminando igual, aunque el peso fuera insoportable.
Ella sanó sin aplausos,
sin reconocimiento,
sin testigos que celebraran sus pequeñas victorias.
Sanó sola, a su ritmo, a su manera,
con una fortaleza que solo conocen las almas que nunca se permiten rendirse.
Crecí viendo cómo amaba incluso con el alma cansada,
cómo daba todo incluso cuando no le quedaba nada,
cómo sonreía aunque por dentro hubiese tormentas,
cómo seguía creyendo en la vida aun cuando la vida no siempre fue justa con ella.
Y hoy, cuando la duda me visita,
cuando siento que no puedo más,
cuando el mundo se me hace grande,
recuerdo que llevo su fuego en la sangre.
En mi corre su intuición,
esa que le permitió sobrevivir a tantas heridas,
esa magia silenciosa que la hizo levantarse después de cada caída.
De ahí brota mi resiliencia,
de esa mujer que no se quebró,
que no se rindió,
que transformó su dolor en amor.
De ahí nace mi poder:
de su ejemplo,
de su fuerza,
de su alma generosa que jamás dejó de luchar.
Gracias, Madre…
por tu paciencia cuando no entendía,
por tu cariño incluso cuando yo no lo veía,
por tus oraciones invisibles que me acompañaron en cada paso.
Gracias por enseñarme a ser fuerte sin perder la ternura,
a ser valiente sin perder la fe,
a ser mujer sin perder el corazón.
Hoy te honro y te bendigo.
Honro tus cicatrices, tus silencios, tus renuncias.
Honro cada noche sin dormir,
cada lágrima escondida,
cada sueño que pospusiste por mí.
Porque mi fuerza nace de la tuya,
mi coraje viene del tuyo,
y mi luz…
mi luz es el reflejo del amor que siempre me diste.
Madre, tú eres mi raíz.
Mi historia.
Mi guía.
Mi hogar.
Y aunque el tiempo pase y la vida cambie,
tu esencia vive en mí,
recordándome que nada es imposible
cuando se lleva en el alma la magia
de una madre que nunca dejó de amar...🌹
Créditos a quien corresponda.