24/02/2026
Hoy me llegó una cliente y me preguntó con mucha seguridad:
— ¿Cuánto cobra por ponerle un cierre nuevo a mi pantalón?
Le respondí con calma:
— Son $40, señora.
Su reacción fue inmediata:
— ¡¿$40 por un cierre nada más?! Pensé que era más barato.
— ¿Y cuánto pensaba usted que sería? —le pregunté, ya anticipando su respuesta.
— Pues no sé, como unos $15 o $20, a lo mucho.
Entonces le ofrecí otra opción:
— Mire, le propongo algo diferente. Le cobro $25, pero en lugar de hacerle el arreglo, le enseño a hacerlo usted misma, paso a paso.
— ¡Ah! ¡Eso me gusta! —me dijo con interés—. ¿Y qué necesito para aprender?
— Bueno, necesitaría una máquina de coser, hilo y un cierre que combine, un descosedor, unas tijeras y, claro, mucha paciencia.
Se quedó pensando y luego me dice:
— La verdad, no tengo ninguna de esas herramientas… ¿Usted me las podría prestar?
— Claro, pero le cobraría $20 adicionales por las herramientas.
— ¡Está bien! Entonces serían $45.
Asentí con una sonrisa, pero luego la clienta me pidió:
— Oiga, ¿y podría prender un ventilador? Es que hace calor.
— Claro, señora, pero el ventilador tiene su costo extra también —le respondí, un poco en broma—. Serían otros $10.
— ¡¿Entonces $55?!
Le sonreí y confirmé:
— Exactamente.
Después de pensar unos segundos, ella suspiró y me dice, riéndose:
— ¿Sabe qué? Mejor hágalo usted y yo le pago los $40.
**CONCLUSIÓN:**
Cobro por mi conocimiento, mis herramientas, mi tiempo, mi responsabilidad y, sobre todo, mi dedicación. Regatear no debería ser una opción, porque mi trabajo tiene valor, como el de todas las modistas, costureras y diseñadoras. Lo que hacemos es arte, ¡y el arte vale!