09/03/2026
A veces me pregunto…
¿Te amo?
¿Te necesito?
¿O solo me acostumbré a no saber vivir sin ti?
Cuando una lágrima cae de tus ojos, también me duele.
Aunque venga acompañada de un “lo siento”…
aunque el error haya sido tuyo.
Odio verte llorar.
Odio esa mirada que haces cuando sientes que me estoy yendo.
Esa mirada que usas para detenerme justo cuando junto fuerzas para devolverte la libertad que, en el fondo, siempre has querido.
Y entonces me quedo.
Porque ingenuamente creí que me amabas.
Creí que detrás de tus silencios había amor.
Creí que detrás de tus regresos había miedo de perderme.
Pero ahora lo entiendo.
Antes yo era tu todo…
porque era lo único que tenías.
Era quien llenaba tus vacíos,
quien alimentaba tu orgullo,
quien calmaba tu soledad.
Pero hoy…
hoy ya no soy importante.
Hoy ya no preguntas cómo estoy.
Hoy ya no te interesa si me duele algo.
Hoy aprendí que se puede estar con alguien
y aun así sentirse completamente solo.
Dime algo…
¿Alguna vez me amaste?
¿Alguna vez sentiste algo real por mí?
Porque si la respuesta es sí…
de verdad sabes esconderlo muy bien.
Hoy me voy.
No porque haya dejado de amarte…
sino porque aprendí algo que duele aceptar:
El amor no debería sentirse como una batalla todos los días.
Merezco amor.
Merezco ternura.
Merezco brazos que me abracen sin que tenga que rogarlo.
Y aunque se me esté cayendo el mundo
porque yo quería que fueras tú…
también entiendo algo.
A veces amar a alguien
también significa
tener el valor de dejarlo ir.
TtCasMo