17/02/2026
Recuerdo bien que fue en el mes del Amor y la Amistad. Llegamos a Mérida con el objetivo de alimentar nuestro espíritu, adentrarnos a la plenitud que tanto anhelabamos.
Habíamos escuchado de su paz, de sus encantos y, del modo amable y único de su gente. Lo constatamos, lo disfrutamos.
Conocimos la Ría de Celestún, sus manglares y sus espectaculares flamingos rosa. Miramos las grandes extensiones de tierra que albergaban los plantíos de henequén, llamado el oro verde en su época de bonanza. Estuvimos en lugares apartados de la capital, allá donde aún se vive en casas tradicionales elaboradas con madera y techos de palma, aquellas que conservan un aire fresco que transmite paz.
Cómo olvidar aquel parque en el que se le rinde homenaje al Amor con una serenata yucateca los jueves por la noche, Santa Lucía.
Probamos la exquisita miel que producen, la mejor del mundo.
Comer antojitos yucatecos en el mercado del barrio de Santa Ana fue un deleite.
Para armonizar con el ambiente de paz, magia y encanto; mirándonos a los ojos, platicamos sentados en una banca de confidentes; parecía un sueño.
Fue corto el tiempo, no queríamos quitarnos de aquella bendita tierra del mayab. La nostalgia nos invadía, queríamos tener algo con nosotros que, nos hiciera recordar y sentirnos de nuevo por esos bellos lugares.
Fue entonces que caminábamos por el centro de la ciudad, quitándonos de la plaza grande, rumbo al norte, sobre la calle 60 a distancia media entre el emblemático parque de Santa Lucía y la iglesia de Santa Ana; los astros vieron nuestra felicidad por haber estado en Yucatán y el universo conspiró a nuestro favor; la encontramos, Tienda "MAYEK". Allá con mucho gusto compramos lo que a nuestro corazón llenaría de bonitos recuerdos y nos transportaría a aquel mágico lugar, Yucatán.
MAYEK, hecho con Amor por manos yucatecas