28/01/2025
𝐀 55 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐬𝐚𝐜𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐨𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐂𝐡𝐢𝐥𝐚 (𝟐𝟖 𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐞𝐫𝐨)
Su padre se lo contó y ella se lo contó a sus hijos. Aun años después de su muerte, la voz de su padre sigue tan clara como la primera vez que lo contó. Corría el 28 de enero de 1970. No se sabe cuántos fueron, pero murió mucha gente. Hay quienes dicen que eran 500, otros cuentan con precisión 322, pero de lo que no hay duda es que ese día 28 de enero a niños, mujeres y ancianos se les arrebató la vida de una forma brutal.
Con bombas, fueron apagando sus ojitos decenas de niños, con bayonetas fueron perdiendo el aliento vital decenas de mujeres y con ametralladoras fueron borradas la faz de la tierra las vetas de nuestros venerables ancianos; fue en ese lugar conocido como Monte de Chila.
Y todo para reprimir un movimiento agrarista en la Sierra Norte de Puebla, en el cual sus miembros, campesinos nahuas y totonacos de diversos pueblos de la región, buscaban de manera justa tierras para trabajar, para sobrevivir y llevar la tortilla y el frijol a sus mesas.
A esas almas hermanadas en la sangre indígena que perdieron la vida ese 28 de enero de 1970, se sumaron a nuestros jóvenes caídos el 2 de octubre de 1968. Fueron los gobiernos de Moreno Valle (abuelo del exgobernador homónimo) y Díaz Ordaz quienes con el pretexto de evitar que el fuego de la justicia y la rebeldía se expandiera por el país, ordenaron reprimir violentamente esas voces alzadas, y con alevosía masacraron a nuestras hermanas y hermanos sin que ellos lograran saber lo que les estaba pasando.
Hace tiempo nos platicaron que un sacerdote católico de la parroquia de Chicontla, Jopala, visitó el Monte de Chila tres días después de la matanza, no lo dejaron pasar, pero pudo recoger algunos testimonios. La gente contaba que los cuerpos sin vida, estuvieron a la intemperie por varias semanas, nadie podía entrar ni salir del lugar. También comentó que el gobierno, para justificar la matanza, difundió la idea en todo el estado de que Monte de Chila era un pueblo de bandoleros. Y no sólo fué difamado el pueblo sino que todo archivo o documento de la matanza fue borrado de la faz de la tierra. Desde periódicos de la época hasta reportes oficiales, pasando por cualquier tipo de crónica o escrito, todo fue silenciado, igual que las voces inocentes que ese día partieron sin la justicia que tanto anhelaban.
A los culpables, ni perdón, ni olvido. A los sobrevivientes mi respeto y mi gratitud por seguir construyendo un mundo más digno para todos. A los caídos, mi corazón partido y la herida abierta en nuestra memoria y nuestra historia.