24/05/2026
Tejer es hablar bajito con el alma,
es convertir un hilo en compañía,
hacer nudos de paciencia y esperanza
mientras el corazón encuentra armonía.
Cada puntada guarda una historia,
un pensamiento, una emoción escondida,
como si las manos fueran pequeñas artistas
bordando ternura sobre la vida.
Tejer no es solo crear figuras bonitas,
es aprender a empezar otra vez,
deshacer sin miedo lo que no salió perfecto
y volver a intentarlo con más fe.
Hay calma en el sonido del crochet,
en el baile suave de la aguja e hilo,
porque mientras las manos siguen creando,
también el alma encuentra su abrigo.
Y al final, entre ovillos y colores,
queda algo más que un simple tejido:
queda amor convertido en puntadas,
y un pedacito del corazón escondido.
🪹🧶🩷