08/09/2023
¡Hoy hablemos del mandil o delantal!
La historia del mandil o delantal tiene más de 5.000 años. Un complemento siempre asociado al desempeño de labores o trabajos hogareños, pero no siempre ha sido así. Hoy te contaré cuál es el origen del delantal o mandil, su inventor y cómo ha sido su evolución.
Origen del delantal
Para conocer los orígenes del delantal, debes saber que tiene una historia común con el mantel, la toalla y la servilleta.
La historia de la moda les asigna papel complementario del vestido. Su necesidad se hizo sentir por razones diversas ya en la Antigüedad.
Su uso primero se vinculó al culto, la liturgia y ceremonias. El delantal era prenda frecuente entre los antiguos, a veces prenda única anudada por detrás. Como no llegaba a cubrir toda la espalda no era raro que se anduviera con todo al descubierto.
En banquetes y comidas solemnes los egipcios y sumerios preservaban el vestido con delantales anudados al pecho, que bajaban hasta la cintura y colgaban más abajo del bajo vientre.
Un uso tercero, también antiguo, se relaciona con el mundo del pastoreo. Cuando no convenía que las hembras quedaran preñadas se ponía al macho un delantal que impedía el acceso carnal.
Era el antaño llamado excusalí o avantal del ganado, que en inglés llaman apron, y en torno al cual surgieron antaño numerosas frases hechas de tono subido.
Evolución del mandil
En inventarios aragoneses del siglo XIV, aparece “un mandil derredor del leyto; otro mandil para banyo”; y por inventarios aragoneses del primer tercio de ese mismo siglo sabemos que se utilizaron mandiles grandes como cortinas.
En el siglo XV, el delantal recibía el nombre de avantal. A finales del mismo siglo XV, Alonso de Palencia, dice en su Universal vocabulario que los delantales: “se ponen en la mesa… con que el convidado se limpia… y en vulgar se dice tobaja”.
Su uso como delantal era ya frecuente en tiempos de Cervantes, como escribe Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana. Era entonces pieza corriente del atuendo mujeril de faena, formada por un retal de tela a modo de faja ancha que se ponía delante para no manchar la falda o el vestido y se ataba por atrás a la altura de la cintura.
En el siglo XVI, el delantal se describe como “paño que la mujer se pone delante por no ensuciar la saya o la basquiña”‘.
También utilizaban el delantal los hombres en ciertos oficios cómo por ejemplo los molineros, recolectores de fruta o vidrieros. De hecho el mandilón es prenda emblemática de la masonería, pero fue prenda ordinaria. No llevaban delantal las señoras, sino el servicio.
Era y es una prenda rural, omnipresente en los trajes regionales. Resto de cuyo uso quedó en el atuendo popular, en el traje regional especialmente de la mujer del pueblo que lucía delantales y mandiles de todo tipo y para toda ocasión.
Desde la festiva a la del trabajo más ingrato. Por eso había delantales toscos, delantales ricamente elaborados y mandiles con bonitos adornos y ornamentación. Incluso los había que incluían bonitos botones elaborados de maderas nobles.
Hubo mandil de matanza, de molinero, de fregaza o de criado. De hecho se llamaba mandilada a la reunión de criados y mandaderos de monjas, que pasaban por ser la gente de peor catadura moral y baja clase social.