23/04/2026
Había una vez una mujer llamada Sofi que sentía que algo en su vida no encajaba. No era infeliz del todo… pero tampoco estaba en paz. Era como vivir con una piedrita en el zapato: pequeña, constante, imposible de ignorar.
Un día, cansada de buscar respuestas afuera, decidió emprender un viaje hacia el desierto. Había escuchado que allí vivía un viejo sabio sufí que no enseñaba con teorías… sino con verdades simples que tocaban el alma.
Después de días caminando, Sofi lo encontró. El anciano estaba sentado en silencio, mirando el horizonte como si conversara con algo invisible.
—Vengo a que me enseñes —dijo Sofi, sin rodeos—. Quiero entender qué me falta para estar en paz.
El sabio no respondió. Solo le ofreció una taza de té.
Sofi esperó… pero el silencio continuó.
Incómoda, insistió:
—He leído, he buscado, he trabajado en mí… ¿por qué no logro sentirme plena?
El anciano, finalmente, habló:
—Bebe el té.
Sofi tomó la taza… pero el sabor era amargo.
—Está feo —dijo, frunciendo el ceño.
El sabio sonrió levemente:
—¿Le agregaste azúcar?
—No…
—Entonces no digas que el té es amargo… di que aún no aprendiste a endulzarlo.
Sofi se quedó en silencio.
El sabio continuó:
—La vida no siempre va a ser dulce. Pero tú tienes en tus manos cuánto amor, conciencia y presencia le agregas a lo que te toca vivir.
Sofi bajó la mirada. Algo en esa frase le dolió… pero también la despertó.
—¿Y cómo hago eso? —preguntó más suave.
El anciano tomó un puñado de arena y lo dejó caer lentamente entre sus dedos.
—Deja de querer controlar el viento… y aprende a sostenerte en medio de él.
Luego agregó:
—Estás cansada no por lo que vives… sino por la lucha constante contra lo que es.
Sofi sintió que esas palabras entraban directo en su pecho.
Por primera vez en mucho tiempo, no quiso responder… no quiso entender… solo quedarse.
Y en ese quedarse, algo cambió.
No fue un gran momento místico.
No hubo luces ni revelaciones.
Solo un pequeño acto:
respirar… y dejar de resistir.
Antes de irse, Sofi le preguntó:
—¿Y si me olvido de todo esto cuando vuelva a mi vida?
El sabio la miró con ternura:
—Entonces vuelve a recordar… que el camino no es no olvidar… sino volver a elegir.
Sofi sonrió.
Y mientras se alejaba del desierto, entendió algo profundo:
La paz que buscaba no estaba al final del camino…
estaba en la forma en que decidía caminarlo.
—
Mensaje sufí para vos:
No necesitas tener todo resuelto para estar en paz.
Necesitas dejar de pelearte con lo que es… y empezar a habitarlo con conciencia.
Pequeña acción:
Hoy, cuando algo no te guste… en lugar de rechazarlo automáticamente, preguntate:
¿Cómo puedo “endulzar” este momento con una actitud diferente?
Gracias. ♥️
🙏LaMon🤗