26/11/2025
Recibió el bullying cibernético más salvaje que haya vivido un presidente de una nación. Fue linchado en redes todos los días durante años, memes, burlas, frases inventadas, videos editados, parodias infinitas y jamás lo viste victimizarse. Nunca grabó un mensaje llorando, nunca pidió buen trato, nunca se quejó de la crueldad del internet. Simplemente aguantó. Entendió que dirigir un país implica soportar críticas, aceptar que no todos te van a aplaudir. Incluso bullearon a sus hijas, lo hicieron tendencia con la burla más baja y aun así se levantó al día siguiente a trabajar sin convertir el asunto en un drama nacional. Y qué curioso, hoy vivimos en la era del poder “moral”, del discurso de cristal y de la piel delgada, pareciera que cualquier nota incómoda, cualquier crítica, cualquier meme, ya se denuncia como violencia política o ataque a la democracia. Hoy, con mucho más poder y mucho más control, pareciera que no aguantan ni un comentario fuera de guion. Porque una cosa es gobernar y otra es exigir aplausos. Discúlpenme por ser tan sincero.