17/06/2026
“La enfermedad no cae del cielo: entra por la única ventana que tú dejaste abierta”
Me quedó dando vueltas en la cabeza cuando Samar dijo: “La enfermedad es el ladrón que entra por la única ventana que tú dejaste abierta”. Porque es muy cómodo creer que un infarto, un cáncer o una diabetes “simplemente aparecieron”. Es más duro aceptar que muchas veces llevábamos años dejando esa ventana abierta de par en par.
¿Y cuáles son esas ventanas? Desvelos crónicos, estrés que nunca sueltas, resentimientos atorados, comida chatarra diaria, azúcar, sedentarismo, cigarro, alcohol, falta total de sueño profundo, cero sol, cero relaciones sanas, cero chequeos. Todo lo que normalizamos como “así es la vida” son, en realidad, invitaciones al ladrón.
Obvio hay cosas que no controlamos: un accidente, una mutación genética rara, circunstancias extremas. Pero la gran mayoría de las enfermedades crónicas no son meteoritos: son la factura acumulada de pequeñas decisiones. Esa es la parte morbosa y difícil de tragar.
Desde que escuché esa metáfora, empecé a preguntarme todos los días: “¿Qué ventana estoy dejando abierta hoy?”. A veces es la del desvelo; a veces la del enojo; a veces la del azúcar. No siempre puedo cerrarlas todas, pero ya no me hago el ciego: sé que, si no las cierro, no será “mala suerte” cuando el ladrón entre