07/07/2025
A tu manera, Dios… no a la mía
Cuántas veces nos hemos aferrado a lo que creemos correcto, a lo que según nosotros "debería" pasar. Nos aferramos tanto a nuestras ideas, a nuestros planes, a nuestras soluciones, que terminamos peleando con la vida… y hasta con Dios.
Yo también he estado ahí. Yo también le he dicho a Dios con lágrimas en los ojos: “¿Por qué no es como yo quiero? ¿Por qué no pasa lo que tanto anhelo?”.
Pero con el tiempo, con heridas, con caídas, con noches largas… entendí algo que hoy quiero decirte con el corazón en la mano:
Su manera siempre será mejor que la mía.
Aunque hoy no lo entiendas, aunque duela, aunque parezca que todo va al revés, lo que Dios está haciendo es mucho más grande de lo que tú alcanzas a ver.
Dios no se mueve por capricho ni por antojo. Él ve lo que tú no ves, Él conoce lo que tú no conoces. Él ya estuvo en tu mañana, en tu próximo año, en tu vejez, en tu eternidad. Él sabe qué cosas tienen que romperse para que tú seas libre. Él sabe qué puertas debe cerrar para que no te pierdas. Él sabe qué personas tienen que salir para que puedas crecer.
Y te lo digo no como alguien que leyó esto en un libro… te lo digo como alguien que ya lloró por amor, que ya perdió cosas que creía que jamás podría soltar, que ya vio cómo sus propios planes se desmoronaban… pero también te lo digo como alguien que ha visto cómo Dios levanta, restaura, sorprende y hace todo nuevo.
Por eso, hoy oro, pero ya no con mis listas llenas de exigencias. Hoy solo le digo:
“Señor, que se haga a tu manera, no a la mía.”
Aunque me duela, aunque no entienda, aunque tenga miedo… hazlo a tu manera. Porque tu camino siempre es mejor, aunque yo tarde en comprenderlo.
Así que si hoy tú también estás cansado de luchar, si ya no sabes qué más hacer, si sientes que todo te rebasa… suelta.
Sí, suelta.
Dile a Dios con el corazón rendido:
“Señor, hazlo a tu manera. Yo ya no quiero vivir a la mía, porque ya entendí que tú ves más allá.”
Y créeme, te lo prometo con todo mi corazón:
Vas a ver cómo, a su tiempo, todo empieza a acomodarse.
Dios jamás te dejará en vergüenza.
No es fácil, pero es lo mejor.
Hoy solo te pido que lo intentes…
Confía, y repite conmigo:
“A tu manera, Dios, no a la mía.”