23/02/2022
«El niño se cae y llora:
🤐Sermón: ¡Le dije que no corriera!
✋🏼Contención: ¿Ocupas mi ayuda? ¿Un abrazo?
-El niño, inquieto a cómo suelen ser, se mueve mucho y bota sin intención un vaso de la mesa y riega su contenido:
🤐Sermón: ¡Qué pereza con usted, siempre moviéndose y jalándose tortas. ¡Y ahora hay que limpiar eso y ya se arruinó la cena!
✋🏼Contención: Busquemos un trapito y lo limpiamos. Los accidentes pasan. Vamos a trabajar juntos en ir aprendiendo a prestar atención a las cosas a nuestro alrededor.
-El niño, olvidó comunicar de unos materiales que necesitaba llevar a la escuela y le bajaron puntos:
🤐Sermón: ¡Siempre es lo mismo! ¡Todo se le olvida! Si sigue así se va a quedar y se lo tiene merecido por desordenado.
✋🏼Contención: ¿Que podríamos hacer para ayudarte a recordar de esas cosas? Yo he encontrado que a mí me sirve revisar todas las tardes mi agenda. ¿Qué te parece si ponemos un momento antes de la merienda para revisar los próximos días?
Yo sé, es tentador tirar el “regaño”. ¡Es inclusive catártico para el adulto! Puede que inclusive creamos que así el mensaje se le va a grabar mejor.
Lo que realmente se le va a grabar es una etiqueta, un reforzamiento de las mentiras como estrategia para evitar conflictos y una profecía autocumplida: “Yo soy solo tortas”. “Mejor no digo porque me regañan". "Mejor miento”. Y por supuesto, “nunca lo voy a lograr. "Siempre voy a ser desordenado”.
En el momento en que sentimos esas ganas del sermón, nos toca aprender a tomar una pausa. No necesitamos hablar en ese momento, inclusive si lo hacemos ya sabemos lo que va a salir.
Respiremos. Podemos volver en unos minutos. Podemos pensar “¿cómo uso este momento para decirle que todos cometemos errores, que está bien no ser perfecto y que aquí estoy para ayudarle a aprender de esto?”.
Cambiemos de juicio a amor. Cambiemos de sermón a contención.»
By Andrea Acosta, psicóloga.