13/06/2025
😨🎬 “Una vez me tocó filmar una película en Venezuela, en un pueblo llamado Choroní. Era un personaje muy fuerte, basado en un militar al que la gente del pueblo asociaba con cosas oscuras. Desde que llegué, sentí una energía extraña, pesada, como si no me quisieran ahí."
"La atmósfera del hotel era inquietante… la primera noche no pude dormir. Sentí una presencia acostada junto a mí, pero no podía moverme, como si algo me estuviera sujetando. Cuando finalmente logré girarme, vi a un hombre acostado a mi lado. Grité con todas mis fuerzas, prendí la luz... y no había nadie. Así empezó todo. Esa misma noche dormí con la luz prendida, sin cerrar los ojos. Y al día siguiente, otra vez. Cada noche era más intensa. Incluso prendí una veladora con una imagen de la Virgen, y al tercer día, amaneció apagada y con las fotos de mi madre tiradas en el suelo. En otra ocasión, vi a un niño sentado frente a mí. No pude más, fui con la producción y les dije que no quería quedarme ahí. Terminé viviendo en un convento de religiosas a 30 kilómetros del set.”
“Todo el rodaje fue así, como una pesadilla real. Incluso un técnico venezolano me acusó de faltarle al respeto a la comunidad afro del lugar por algo que no pasó, y se me fue encima con una furia tremenda. Fue un malentendido, pero ya me habían puesto la cruz. Días después, ese mismo técnico se cayó de un andamio el día de mi cumpleaños… y yo solo quería salir de ahí. En el camino de regreso, que era como una versión tropical de Transilvania, apenas llegamos a la carretera, me bajé del coche y vomité todo. Era como si mi cuerpo estuviera expulsando la energía de todo lo vivido. He hecho muchas películas, pero nunca había sentido algo así. Yo creo que cuando uno actúa de verdad, cuando se mete tan profundo en un personaje, puede abrir puertas que no siempre sabes cómo cerrar. Y en ese lugar... esas puertas estaban más que abiertas.”
👉Luis Felipe Tovar, sobre su aterradora experiencia filmando en Venezuela.