19/06/2026
Adolescencia 🩵
Hace unos días tuve una charla con un grupo de 30 adolescentes. En una parte de la sesión realizamos un ejercicio en el que les pedí que escribieran aquello que más les gusta de sí mismos y también lo que no les gusta tanto.
Al momento de compartir sus respuestas, una de ellas escribió: "No me gusta ser sensible". A partir de esa reflexión, pudimos descubrir juntos todo lo valioso que nos aporta la sensibilidad: la capacidad de disfrutar con mayor intensidad la belleza de una flor o la inmensidad del mar; la empatía que sentimos por los demás en momentos difíciles; la alegría que experimentamos cuando algo bueno le sucede a otra persona; e incluso la capacidad de alejarnos de la soberbia, porque la sensibilidad nos recuerda que no somos el centro del mundo.
Y así encontramos muchas razones por las que aquello que inicialmente veía como una debilidad terminó convirtiéndose en una fortaleza. 💪🏻
Momentos como ese son los que me recuerdan que hago lo que hago por amor y propósito.