02/05/2026
El caballo de silla puertorriqueño: velocidad, historia y buen trato
Foto: Establo Linaje
Escrito para un buen caballista ()
Voy directo al punto:
El problema no es la velocidad.
El problema es la falta de criterio.
A veces siento que en estos temas estamos opinando más desde lo que nos gusta o no nos gusta, que desde lo que realmente está ocurriendo. Y eso es natural… pero también puede sesgar la conversación.
Que a unos les guste la velocidad y a otros no, es válido. En lo personal, disfruto ver un buen caballo correr… aunque no comparto esa mentalidad de “llegar primero al negocio”. Pero una cosa no necesariamente invalida la otra.
Quizás el punto no es eliminar lo que no nos gusta, sino aprender a reconocer lo positivo dentro de lo diverso. Porque si algo siempre ha tenido el mundo del caballo, es precisamente eso: distintas formas de disfrutarlo.
La velocidad, la competencia y la prueba del caballo no son inventos modernos ni nacieron con Facebook, TikTok o los famosos rankings. Son parte de nuestra cultura caballista desde hace siglos.
Lo que sí debemos condenar, sin excusas, es el abuso, la falta de preparación, el mal manejo y la irresponsabilidad.
Porque el caballo no se daña por correr.
El caballo se daña cuando lo corre quien no sabe leerlo.
Si miramos con calma, vale la pena preguntarnos:
¿Estamos viendo caballos mal cuidados?
¿Animales en mal estado?
¿Jinetes desprotegidos?
En muchas de estas actividades recientes, la realidad es que se ha visto lo contrario: caballos en buena condición, organización, mejor manejo y participación de todo tipo de caballistas.
¿Todo está perfecto? No.
¿Hay excesos? Claro que sí.
¿Hay gente que confunde tener caballo con tener licencia para hacer disparates? También.
Y de eso hay que hablar.
Pero no podemos mirar una situación negativa y concluir que toda una modalidad está dañando nuestra cultura. Eso es injusto con los caballistas responsables, con los criadores, con los entrenadores serios y con los jinetes que sí preparan sus caballos antes de exigirles.
Un caballo bien cuidado, bien alimentado, bien herrado, bien arrendado, bien montado y trabajado con respeto puede participar en distintas modalidades sin que eso represente maltrato.
En cambio, un caballo mal cuidado puede sufrir hasta en una cabalgata tranquila si va deshidratado, sin condición, con mala boca, con un jinete pesado de manos o con alguien que cree que apretar es saber montar.
Por eso hay que separar las cosas.
La velocidad no es pecado.
La competencia no es enemiga del caballo.
El abuso sí.
La cultura ecuestre puertorriqueña no es una sola cosa.
Es paseo.
Es cabalgata.
Es competencia.
Es paso corto.
Es paso largo.
Es andadura.
Es crianza.
Es doma.
Es pulido.
Es resistencia.
Es velocidad.
Y también es conversación bajo una mata, con café o con algo más fuertecito, dependiendo de la hora y del permiso de la doña.
Y ahí está la riqueza.
El que quiere cabalgar suave y mirar el paisaje, que lo haga y lo disfrute.
El que quiere probar la velocidad de su caballo, que lo haga con preparación, respeto y conciencia.
Lo que no se puede permitir, en ninguna modalidad, es el maltrato.
Al final, la pregunta no debe ser si la velocidad es buena o mala. La pregunta correcta es:
¿Ese caballo está preparado?
¿Está sano?
¿Está bien cuidado?
¿El jinete tiene control?
¿Hay respeto por el animal, por el grupo y por la seguridad de todos?
Si la respuesta es sí, entonces no estamos ante un problema cultural. Estamos ante otra expresión de la misma pasión.
Y si la respuesta es no, entonces el problema no es la velocidad.
El problema es el caballista.
Puerto Rico no tiene que escoger entre tradición y evolución. Nuestro caballo de silla ha llegado hasta aquí porque ha sido útil, noble, resistente, cómodo, brioso y capaz.
Por eso se valora.
Por eso se busca.
Por eso su mercado ha crecido.
Por eso cada día más personas invierten en mejores animales, mejor cuidado y mejor preparación.
Criticar es fácil.
Construir criterio es más difícil.
Y como decía un viejo amigo, con esa sabiduría de potrero que a veces vale más que un libro entero:
"al que no le gusta la velocidad… a veces lo que le falta es un caballo que ande."
Con cariño y respeto, porque aquí nadie tiene la última palabra.
Pero si vamos a hablar del caballo puertorriqueño, hablemos con historia, con evidencia y con balance.