23/10/2018
"El que bien ama, bien castiga dice el proverbio. En el mismo modo, todo castigo, para ser legítimo, debe proceder del amor, de un amor más fuerte que el amor sensible. ¿Acaso no es necesario pisar el corazón de carne para castigar a un ser frágil y tan tiernamente amado? Pero es muchas veces, el mejor testimonio de afecto profundo que les podemos dar. Los niños, no se engañan. Distinguen con seguridad los castigos merecidos, de los que no lo son. Jamás una sanción justa, aplicada con calma y firmemente, podría disminuir el respeto o el afecto para con sus padres. Sin embargo, erigir la educación de los hijos en el principio de no imponer ningún sufrimiento, ni siquiera leve, es un absurdo que llevará a los niños a volverse nuestros propios tiranos"
Pe. G. Courtois.
El arte de educar a los niños de hoy