01/23/2026
MAMÁ ESTÁ CAMBIANDO.
Últimamente se despierta en medio de la noche, con el cuerpo empapado aunque haga frío. Dice que está cansada, que le cuesta volver a dormir, y por la mañana la noto agotada, como si hubiera cargado con algo muy pesado que no se ve.
A veces la veo temblar sin motivo, otras se queja de un calor que la quema por dentro. De pronto se le olvidan cosas pequeñas: una fecha, una palabra, el lugar donde dejó algo. Y aunque intenta disimular, se le nota la frustración en la mirada. También llora más seguido, sin razón aparente… y la entiendo, porque debe ser difícil sentir cómo tu propio cuerpo cambia sin tu permiso.
Frente al espejo se queda callada. Mira su piel, su cabello, y yo sé que extraña a la mujer que solía ver allí. Lo peor es escuchar cómo los demás se burlan, le ponen etiquetas crueles: “exagerada”, “dramática”, “es la edad”. Como si no bastara con todo lo que ya carga.
Pero yo lo sé: no es drama, no es exageración. Es un cambio profundo, una transformación silenciosa que nadie enseña a transitar. Está dejando atrás a la mujer que fue, para convertirse en otra distinta, con más sabiduría, aunque en el camino se sienta frágil y vulnerable.
Lo triste es que, mientras todo esto pasa, ella se siente invisible. Porque vivimos en un mundo que idolatra la juventud y se olvida de acompañar a la mujer madura, esa que necesita paciencia, ternura y una mano que la sostenga.
Mamá no necesita críticas ni burlas.
Solo necesita que alguien la abrace fuerte y le diga con sinceridad:
“Te veo. Te entiendo. No estás sola.”😕