07/05/2026
Una reflexión de ánimo
Por muchos años mi taller estuvo en la sala de mi casa. Allí, entre telas, hilos, máquinas y sueños, Dios fue formando no solo mis manos, sino también mi carácter. Tal vez no era el lugar más grande ni el más cómodo, pero fue el lugar donde aprendí que los comienzos humildes también tienen propósito.
Hoy, después de tantos años de esfuerzo, puedo decir con gratitud que desde hace 4 años disfruto de mi propio taller. Y al mirar atrás, entiendo que cada etapa valió la pena. La sala de mi casa fue mi escuela, mi proceso y mi testimonio.
A todas las costureras y emprendedoras que hoy trabajan desde un rinconcito de su casa: no se desanimen. Dios también bendice los pequeños comienzos. Lo importante no es dónde empiezas, sino la fe, la disciplina y el amor con que haces lo que Dios puso en tus manos.
Sigue creando, sigue creyendo y sigue trabajando con propósito. Tu taller de hoy puede ser el testimonio de mañana.