10/01/2026
TRES NIVELES DE FE
Hay temporadas en las que el piso está desnivelado.
A veces sabemos que algo no está bien. Vemos las señales, sentimos la incomodidad y hasta podemos identificar que ciertas consecuencias vienen de nuestras propias decisiones, de nuestro estilo de vida o de aquello que hemos sembrado. Estamos arriba, estamos abajo… y así también se mueven nuestras emociones y nuestra fe.
Luego llega el momento en que nos tiembla el piso.
Y aquí ya no hablamos necesariamente de algo que provocamos. Son situaciones inesperadas, pruebas, pérdidas, cambios, noticias, relaciones que se rompen o circunstancias externas que sacuden lo que creíamos firme.
Pero existe un tercer nivel: cuando no hay piso.
Cuando no hay respuestas.
Cuando no hay control.
Cuando no hay nada de dónde agarrarse.
Cuando tocamos fondo… y descubrimos que ni siquiera había fondo.
Es ahí donde la fe deja de ser teoría y se convierte en dependencia absoluta de Dios.
José tuvo que caminar sin entender el proceso. Josué tuvo que avanzar cuando todavía no veía el camino completo. Y hay temporadas en las que Dios no nos muestra el piso porque quiere enseñarnos a caminar tomados de Su mano.
Porque cuando no hay piso, no significa que estamos cayendo.
Significa que estamos aprendiendo a caminar por fe.
Y mientras avanzamos, Dios va creando el camino debajo de nuestros pies.
Por eso debemos prepararnos para cada temporada. El piso puede desnivelarse. Puede temblar. Puede desaparecer.
Pero Cristo permanece.
Nuestra seguridad nunca estuvo en el piso.
Nuestra seguridad siempre estuvo en Su mano.
Y cuando soltamos el control, dejamos de depender de nuestras fuerzas y aprendemos a descansar en Aquel que nunca nos suelta.
“Porque por fe andamos, no por vista.” — 2 Corintios 5:7 🤍